sábado, 26 de enero de 2013

Ilusión




¿Qué diferencia hay ente el amor y la ilusión? ¿puede existir una sin lo otro? O ¿cuando una ilusión se convierte en amor?. Esas son preguntas que se empezaron a formular en mi cabeza, al recibir en mi despacho el diario de mi tío Víctor Lance, en el relataba sus días en la escuela de medicina. Lo que les transcribo es un pequeño fragmento que fue lo que me hizo reflexionar…

Marzo 14 de 1965
No tengo idea del por qué  les hice caso a esos Idiotas de Jack y Leonard. Ellos me convencieron de que una joven que trabaja en la cafetería de Whitehall se interesaba en mí; digo, desayuno constantemente aquí y el viejo Tom, dueño de lugar, es muy amigo mío y por eso me resulta extraño que una chica de aquí se fije en alguien como yo.

Quien lo diría, ella sí existe y además es muy hermosa; su nombre es  Elisabeth, lo pude leer es su gafete. Además, supe que era ella por su  forma en la que me miraba, ella solo se me acerco con una muy mal sonrisa disimulada y me dijo - ¿Por qué tan serio es usted?, hoy le salude y ni siquiera tuvo la gentileza de  responder-, yo no me había percatado de eso, iba tan inmerso en la lectura del periódico que jamás note que me habían hablado, -discúlpeme,  tome asiento y podremos platicar- contestación rápida y sencilla ¿no lo creen?
-no, no puedo aun estoy trabajando, si usted quiere, yo salgo en una hora ¿podría pasar por mí?
-¡Claro!, con gusto pasaré a recogerla

En los siguientes días, Víctor y Elisabeth estuvieron saliendo; al parecer todo marchaba de maravilla, Víctor era muy detallista con ella. Para él no era una camarera, si no más bien una princesa digna del Palacio de Buckingham. Ella lo veía como su valiente Romeo, era amor verdadero... claro, hubo peleas como cualquier pareja, pero siempre hubo confianza. ¡Madre Santísima! Habían pasado casi 7 meses desde la cafetería y él se había dado cuenta lo mucho que amaba a Eli, como le solía decirle. Su mundo giraba en torno a ese amor; una ilusión que era tangible, el despertaba emocionado tardeando “I want to hold your hand”. Él en verdad estaba enamorado, por primera vez supo lo que era esa sensación en el estomago al ver como se iba acercando a él por la calle su bella novia, su princesa, había encontrado que el mundo no solo gira alrededor de un tubo de ensaye, de un quirófano, que el corazón puede ser algo más que un  conjunto de válvulas.

Octubre 25 de 1965
Hoy note muy distante a Eli y ella nunca es así. Éstá muy deprimida desde la carta que recibió de parte de su familia en Oxford. Ella, al parecer, debe marcharse a Estocolmo: sus padres le necesitan. Cuando pienso en ello me duele hasta el alma ella. Es mi mundo, no puedo creer que tenga que renunciar a ella.

Noviembre 4 de 1965
 Hoy... hoy fue un día maravilloso. Al salir de la tediosa clase del señor Tague pude pasar por Eli al café. El viejo Tom, me decía –esa chica desde que sale contigo no hace otra cosa que cantar y andar de muy buen humor por todos lados, los clientes piensan que esta drogada-.

Fuimos a comer, dimos un paseo largo en el St. James’s Park, reímos y la pasamos bien. Después, llegando a su casa en Oxford Street, entramos y empezamos platicar sobre tonterías acerca del sistema digestivo y fue entonces cuando me recline sobre ella besándola con intensidad; sus labios eran dulces y cálidos. Ella empezó por levantarme la camisa, luego mi camiseta hasta quedar desnudo del torso. Por mi parte, empecé a acariciarla  toda, metí mi mano por debajo de su blusa sintiendo el calor de su piel en éxtasis, toque suavemente sus suaves y rosados pechos y ella soltó un gemido acompañado de una sonrisa traviesa al sentir como jugaba con su pezón. En susurros, le dije –te quiero muy cerca-, ella contesto, -que tanto- , -muy cerca-, y proseguimos con ese acto por un tiempo, después el sentimiento era tal que cambiamos de posición de un lado a otro cuando ella estuvo sobre mi le quite la blusa, su pequeño sostén de encaje, al verla desnuda supe que quería estar siempre con ella, las manos traviesas jugaban nuestros sexos. La bese toda; sus pechos, el cuello, vaya hasta…
Quedamos desnudos y juntos hablando aun en susurros, como si no quisiéramos que el mundo supiera lo que nos decíamos. Fue magnífica esa noche; literalmente, vimos estrellas.

19 de Noviembre de 1965
Me siento muy triste: mi princesa, mi Eli, se marcha. Es una decisión que tomó hace unos días. Hoy cumplimos 8 meses, pasé por. ella a la estación de Knightsbridge y le dije que quería jugar con ella: le di una carta, en ella tenía instrucciones. Era muy divertido ver como estaba ansiosa por saber a donde la llevaría. Llegamos a St. James’s Park y nos sentamos en una pequeña banquita frente al lago. Le dije que serrara los ojos y le entregue un ramos con distintas flores, 8 para ser exactos. Le explique que era una por cada maravilloso mes que cumplimos juntos y le dije que sabía su decisión y que en esa misma banca la estaría esperando a que regresara.

29 de diciembre de 1965
En estos últimos días me he sentido muy mal. Estaba imaginado como sería aquella cruel despedida; era algo que no podía evitar, ella estaba muy distante, no quería besarme como siempre... me conocía muy bien y sabía que si me besaba de esa forma no la dejaría ir.

No deje que se despidiera, sólo le dije –déjalo en un hasta luego, cuídate y disfruta a tu familia. No permitas que nadie te haga llorar-.

Y sin más que agregar, el autobús del aeropuerto avanzo con un rumbo del cual Víctor no podía escapar, “adiós mi amor” eran palabras que le quemaba la garganta, pero ninguna las pronuncio. ¿Por miedo a retractarse? ¿por temor a no ser correspondidas? eso es algo que nunca sabremos.

Los días pasaron y el año nuevo estaba entrando. The Beatles lideran las listas de popularidad, The Who  con un sonido y actitud cambiaba la música moderna e iniciaba una nueva era.

9 Enero de 1966
Me duele mucho no saber nada de mi bella Elisabeth. Me duele mucho en el corazón no saber nada, pero tengo la ilusión de que va a regresar, yo lo sé. Ella es la que me impulsa a hacer cada cosa; ella es mi mundo, mi vida, mi musa. La esperanza de verla nuevamente es la que no hace que caiga en la locura.

14 de febrero 1965
Toda la facultad esta vuelta loca; todos con peluches, dulces y corazones por todos lados. La gente me tacha de loco por lo que haré: fui camino a St. James’s Park, compre un rosa y me senté en la misma banca en la que le hice la promesa a Eli de que la esperaría. La gente pasaba frente de mí; unos riéndose, otros murmurando, pero yo seguía sentado solo, con mi rosa en la mano y mi fiel libro en la otra. Desde que Eli se fue la lectura es mi mejor amiga... Jack McCalister es mi mejor amigo, él me dice que soy un idiota por esperarla, me dice que me busque a alguien de aquí pero no hay nadie como mi Eli. Sigo en mi banca, mi lectura es muy entretenida. De repente veo la hora, 9:30 pm, ya es tarde. Esperé casi 3 horas. Yo sabía que no vendría, pero algo me decía que podía estar equivocado. Bese la flor, la deje sobre la banca y me marche.

Víctor murió días después: lo atropellaron en el centro de Londres. Murió a la edad de 21 años. En el hospital donde falleció escribió lo siguiente:

Querida Elisabeth:
Discúlpame, pero no creo llegar a nuestra cita.

Estas palabras las escribió en su lecho de muerte. Lo más increíble es que él tuvo esa ilusión, ese amor, esa fe de volver a ver a su bella novia. Se las entrego a Jack para que si volvía a ver a Elisabeth éste le entregara la nota.

Cuando recibí el diario, investigué todo acerca de Elisabeth. Lo único que pude saber fue que  cuando regreso a Estocolmo adoptó a una pequeña,su nombre era Sofía.

He pensado mucho al respecto, él la amaba de verdad, la amo hasta morir. Él murió con una ilusión, sin embargo ¿ella sentía los mismo?, ¿ella pensaba en Víctor?, ¿pensaba regresar?, son interrogantes que quizá, como las premisas iniciales, no tengan respuesta y si las tuvieran, creo que no me gustaría saberlas… 


Luis Antonio Rodriquez Escalona 
Estudiante de enfermería

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